miércoles, 28 de diciembre de 2011

Un simple resfriado

Ahora mismo no puedo pensar con claridad. La luz se ha escondido muy dentro del silencio y en el silencio hay un ruido transparente que se posa en las cosas que tengo alrededor con una delicadeza prodigiosa. Es como si en mi mente, en mi nariz, y en mis oídos ahora taponados, alguien proyectase una película de indios perseguidos en la llanura por el General Custer. Dentro de mí percibo en este instante un polvoriento paisaje del Far west. Un crótalo vive alojado en mi garganta. Bajo mi pecho galopan cien bisontes. Un par de coristas bailan dentro de mis ojos y bajo mis párpados llueve sin cesar mientras que un pianista borracho toca un blues. No sé qué me ocurre, pero estoy desorientado. Si me quedo en silencio, observando la candela que arde a sólo unos pasos de donde estoy, las pocas ideas que tengo se me escapan y se elevan buscando el frágil tiro de la chimenea. El universo, al instante, las engullirá.

Estoy resfriado. Eso es todo. Nada grave y, sin embargo, ahora mismo no soy yo. Cuando duelen los huesos y la voz se deshilvana como un ovillo de sombras pegajosas sin lugar donde cobijarse, tienes frío, aunque dentro de casa haga muchísima calor. Intento expulsar las flemas como puedo; pero es imposible: ellas se resisten, siguen dentro de mí, como ese crótalo cansino que en mi garganta no cesa de vibrar. Es tarde. Son casi las dos de la madrugada. Vuelvo a ensimismarme y en la cavidad de mis pulmones observo el rodaje de una película del Far west. Ahora empieza también a dolerme la cabeza. Me voy desganado, sin prisas, hacia la cama. Es sencillamente un simple resfriado. No dudo de que mañana estaré bien, pero en este momento mi cuerpo es un desierto, un escenario de líricos bisontes que cruzan corriendo de un lado para otro haciendo papilla mis musculos, mis huesos. Fuera de casa, la escarcha cubre el campo como una mano infinita de cristal. Me meto en la cama esperando que el calor, el leve calor de mi cuerpo, me conduzca, en unos minutos, al territorio de los sueños y el crótalo, y los bisontes, y las coristas se duerman conmigo y dejen ya de molestarme, aunque no sé si, al final, lo conseguiré.

2 comentarios:

José Puerto Cuenca dijo...

Vaquero de Villanueva, buscador de oro nuevo, ranchero emigrante al Oeste... No te apures, en 7 días llegaremos a Fort Laramy...

Tendremos que luchar con los Aratejoes de los esputos y con los siouxputas de los "tosíos", se meterá por medio el toro sentado de la atonía y una pandilla de cuatreros ladrones se alojará en nuestras sienes (sienes y sienes de cuatreros cabalgando con más sienes y más sienes de caballos robados y alocados)... Pero pronto llegaremos a Fort Laramy...

Un resfriado con medidinas dura 7 días, y sin medicinas una semana... Pero en cuanto pasemos las Montañas Rocosas y el Gran Cañón del Colorado llegaremos a California y nos hartaremos de naranjas washingtonas y de ligar con las coristas del bosque santo (Hollywood)... Lo único malo es que estamos todavía a este lado del océano y todavía no hemos sacado el pasaje del vapor...

¡Y que vamos a entrar en el año nuevo con la nariz llena de pulpos y calamares y las carnes despegadas de toser!...

¡Que nos hayamos puesto de acuerdo para resfriarnos a la vez!

FELIZ AÑO NUEVO JHON WAYNE...
¡Cough, cough, cough!

El Sargento Custer

Alejandro López Andrada dijo...

Amigo José, gracias por tu nueva entrada en mi blog. Aprovecho para felicitarte el nuevo año y desearte todo lo mejor para los días que vienen, tan cargados de niebla y escasez según dicen algunos malos agoreros. Bueno, pues al buen tiempo nosotros les pondremos buena cara. Seguro que, al final, le pese a quien le pese, vencerá la alegría al desánimo, aunque algunos economistas umbríos quieran aguarnos la fiesta con sus sermones apocalípticos diciéndonos que la economía ha tocado fondo y esto es el fin. Yo, en el comienzo de este nuevo año, sólo espero y deseo que a todos nos llegue mucha luz y mucha felicidad. Recibe un sincero abrazo de tu amigo, Alejandro.